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Entrevista

ENTREVISTA en Navelart

Esta es una entrevista que me hicieron los amigos de Navelart, el Espacio contemporáneo de creación y producción artística madrileño. Es un detalle que agradezco enormemente. Os recomiendo echar un vistazo a su web, su trabajo y sus colaboraciones con artistas y productoras.

Os dejo el meeting en el siguiente link: https://www.navelart.es/post/meeting-a-f-david-ruiz

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Premio

Vídeo conmemorativo del Premio Villa de Rute a la Cultura 2020

Este vídeo, del que a continuación dejaré el enlace, es el que se proyectó justo antes de mi intervención en la entrega de los Premios Villa de Rute. Desde aquí agradezco a todos los/as miembros de la corporación municipal y por supuesto también al señor alcalde y presidente de la Diputación de Córdoba, don Antonio Ruiz, y a la señora concejala de cultura de Rute, doña Ana Lazo, que pensaran en mi persona para el Premio Villa de Rute a la Cultura. Fue un día inolvidable.

Agradezco también la realización de este vídeo a todas las personas participantes, principalmente a Magdalena Baena Córdoba, compañera y profesora de Lengua Castellana y Literatura, y a Ángeles Mora, maestra y amiga, poeta inconmensurable. Pero, por supuesto, también a la labor de los trabajadores/as de Radio Rute, que con todo el cariño lo han materializado.

A continuación os dejo el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=S-7-ffUf4jQ

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Noticia Premio

NOTICIA Premios Villa de Rute 2020

RADIO RUTE. MARIANA MORENO. Desde hace veintiséis años cada 28 de febrero Rute conmemora el Día de Andalucía con un homenaje público que a personas, entidades o colectivos destacados del municipio. La entrega de los Premios Villa de Rute convierte la jornada en un día festivo y emotivo en el que los ruteños se sienten orgullosos de sus paisanos. En la edición de 2020 los galardonados han sido Aceites Mirasol, en la categoría de Empresa. Los aceites que comercializan, Conde de Mirasol y Hadrianus, superan las cincuenta medallas de oro y están reconocidos entre los mejores del mundo. El encargado de recoger el premio fue el propio conde de Mirasol, Alfonso Gordon, quien, notablemente emocionado, mostró su agradecimiento a quienes han hecho posible este proyecto.

Por su parte, la doctora en Medicina y Cirugía Concha Ruiz Villén, ha sido merecedora del premio a la Trayectoria Profesional por una carrera sobresaliente y por su implicación en proyectos humanitarios de cooperación sanitaria. Ha estado en países como República de Tanzania, Ecuador, República Centroafricana o en el hospital de la franja de Gaza Palestina. Esta anestesióloga ruteña se siente afortunada por trabajar en el sistema público de Salud y ser heredera de lo que le han inculcado y enseñado sus padres y maestros. Concha concluyó su intervención deseando a todos los asistentes, “fuego para calentarse, aire para respirar, agua para beber y la tierra, para vivir en ella”.

El premio a la Cultura ha correspondido al profesor, poeta y escritor Francisco David Ruiz Caballero. Su primera novela premiada, “Alma de cántaro”, saldrá a la luz el próximo mes de mayo. Con profundas convicciones humanistas, animó a sus alumnos a  confiar en la palabra y a soñar alto. También resaltó la importancia de la cultura para alimentar su espíritu crítico. Según dijo, su madre siempre supo que él sería escritor.

El de Deporte se ha otorgado a Carmen Repullo Bergillos. Esta joven licenciada en Ciencias del Deporte ha sido la preparadora física de la sección femenina del Atlético de Madrid y de la Selección China de fútbol femenina. Hace diez años, cuando se fue de Rute para estudiar en Madrid, nunca pensó que sus estudios y su carrera le iban a deparar tantas satisfacciones profesionales. Carmen Repullo dedicó al premio a su madre por el esfuerzo y valentía que ésta siempre le ha transmitido. Por último, el premio a las Relaciones Humanas se ha concedido a Francisco Córdoba López, por una su destacada implicación a nivel empresarial, deportivo o social. Córdoba se mostró muy emocionado y concluyó su intervención con vivas a Rute, Andalucía y España.

Los Premios Villa de Rute se completaron con dos menciones especiales. Una ha sido para el Museo del Anís, que el año pasado cumplió su 25 aniversario. De recoger la placa se encargó su director, Anselmo Córdoba, quien dijo que estos premios le otorgan la oportunidad  de ser profeta en su tierra. A su vez, mostró su orgullo por pertenecer al pueblo de los burros, del anís y duces de navidad, el pueblo de Ánfora Nova o el de nuestra Premio Nacional de Poesía, Ángeles Mora. La otra mención especial ha sido para María Higueras, una mujer muy popular y querida en Rute. María Higueras, ilusionada, quiso compartir esta distinción con los miembros de la Coral Polifónica o el Coro Romero de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza. De ambas formaciones es miembro. También agradeció el amor que  recibe en la residencia Juan Crisóstomo Manga, donde se encuentra ahora.

Antes de la entrega de los Premios Villa de Rute, la concejala de Turismo, María Dolores Peláez, intervino para recordar el 40 aniversario de la autonomía andaluza. Como municipalista convencida, Peláez, destacó el papel de los ayuntamientos democráticos para recoger la voluntad popular y de cara a redactar el Estatuto de Autonomía. De esta forma se construyó dijo, en base al consenso y diálogo, una democracia de abajo a arriba. Además, al igual que algunos de los premiados, tuvo palabras de reconocimiento y recuerdo para  dos personas. Una fue el pintor y también premio Villa de Rute a la Cultura Antonio Cordón, que ha fallecido en este mes de febrero. El otro recuerdo fue para Manuel Lara Cantizani, un concejal lucentino muy vinculado con la cultura y el turismo de la Subbética, que fallecía justo un día antes tras una larga enfermedad.

El acto concluyó con la colocación de un distintivo por parte del alcalde Antonio Ruiz, a los nuevos componentes del Banda Municipal de Rute. Este año han ingresado en la banda Luz María Balmisa Pérez, Carmen Balmisa Arjona, Juan Ramón Caballero Arenas, Javier Rodríguez Granados, Piedad Sillero Granados, Rubén Algar Tirado y María José Corona Trillo. También como cada año la Banda Municipal fue protagonista de una jornada festiva que comenzó en las puertas del Ayuntamiento con la interpretación de los himnos de España, Andalucía y Rute, tras un pasacalles. Los representantes municipales, Antonio Ruiz (PSOE), Ana Lazo (IU) y Carmen María Arcos (PP) felicitaron a los premiados en una de las jornadas más festivas y destacadas del año.

Noticia tomada de Radio Rute: https://www.radiorute.com/galeria-dia-andalucia-premios-villa-rute-2020/

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Novela Premio

‘Alma de cántaro’ gana el II Certamen Literario Biblioteca Fundación Antonio Gala

El jurado del II Certamen Literario Biblioteca Fundación Antonio Gala ha fallado dicho galardón ayer tarde en Córdoba, resultando ganadora la novela Alma de cántaro, cuyo autor es el escritor F. David Ruiz, natural de Rute (Córdoba), quien fue residente de la undécima promoción de jóvenes creadores de la Fundación Antonio Gala. Como finalista ha sido distinguido el escritor Dimas Prychyslyy, de Kirovograd (Ucrania), residente de la decimoquinta promoción, por el libro de relatos Con la frente marchita.

Este certamen literario fue creado por la Fundación Antonio Gala en colaboración con el Grupo Planeta, que publica el libro ganador en su sello Booket. La primera edición del premio fue ganada por el escritor Alberto de la Rocha con su novela Recordaré abril.

El jurado de esta segunda edición ha estado formado por Francisco Moreno y José María Gala, en representación de la Fundación Antonio Gala, y por Santos Palazzi y Eva Romero, por parte del Grupo Planeta. El fallo se dio a conocer en una sesión, en el marco de los actos de la Semana de Gala, a la que asistieron las periodistas Nativel Preciados y Ana García D’Atri.

Fuente Diario Córdoba: https://www.diariocordoba.com/noticias/cultura/almas-cantaro-gana-premio-fundacion-gala-planeta_1336291.html

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Poesía Reseña

RESEÑA en Los Diablos Azules (Infolibre): ‘Escalera de incendios’: salvar los muebles

TRINIDAD GAN. El nuestro es un tiempo de sucesivas e impuestas mudanzas, pero detrás de cada habitación desalquilada o en venta, detrás de cada desahucio está muchas veces el edificio abandonado, recién incendiado de nuestra propia conciencia.

Un edificio que se construyó desde los cimientos de unas reglas impuestas por la educación familiar, que se ha ido armando sobre las débiles esperanzas de un futuro marcado por consignas (casi ya apagadas) que llamaban a la libertad, la igualdad entre todos y la justicia real en una sociedad hoy desmoronada, lastrada (ladrillo a ladrillo, planta tras planta) por la argamasa oscura de la repetición de errores, de la desmemoria histórica, de la doble y confusa moralidad occidental.

A este edificio llega un hombre que, jugando al principio, trata de descubrir una grieta en los muros para volver a habitarlo, huecos donde alguna luz trace (y eso en apenas 15 poemas) un plano de las habitaciones de su joven memoria. Un plano, para F. David Ruiz (Rute, 1987), siempre vinculado con la palabra como interrogante pero a la vez como semilla de cultura compartida: es de señalar su labor con talleres teatrales, en jornadas literarias (Montalbán) o encuentros interartísticos (Cádiz o Granada) y su residencia en Fundación Antonio Gala ( año 2013, becado para novela). Sus primeras publicaciones de poesía son la plaquette de 2012 Canción indie para el Chico Ostra (Asociación del Diente de Oro) y poemas recogidos, ya en 2015. En las antologías Todo es poesía en Granada (Esdrújula), Pero yo vuelo. Antología de joven poesía en Granada (Ediciones en Huida) o El álbum del fingidor (del fotógrafo Joaquín Puga en Valparaíso ediciones). Colabora también en las revistas Mala Sombra, Revista de Claroscuros o La Galla Ciencia. Y, ahora, desde esos surcos y esa memoria, ha alzado su yo presente, en este libro, Escalera de incendios (de editorial Alhulía y que obtiene en 2016 el VII Premio Granajoven de poesía), con gran fuerza poética para atrapar lo vivido y donde también hace la apuesta necesaria para alcanzar aquello por vivir.

En la primera parte, titulada “La combustión es siempre espontánea”, vemos como el poeta recorre un camino de búsqueda mirando tras su hombro al niño que fue, a los propios cimientos (ahora desvelados, descarnados por el fuego de la palabra) y ello con una nostalgia persistente pero llena de lucidez, con una desesperanza que paradójicamente le a mirar hacia delante, como vemos en el poema “La resistencia del plástico” donde escribe :“durará años / esta herida nueva de la lupa vida”. Recuerda en estos poemas, reinterpretándolas, las palabras oídas en la infancia (así, en el primer y excelente poema del libro, nos dice: “Come, niño / que cuando aprendas que la palabra hombre / viene de hambre / habrás perdido la batalla”. Vuelve a transitar las paredes ya vacías de las relaciones familiares, diseccionándolas desde sus detalles más cotidianos con el láser preciso de unos versos afilados (“en los costados de esta mesa / reúne su desorden / la palabra familia y se roza los codos”, escribe, o “Volver/manchado de futuro/a la casa del padre/es parecido a un ejercicio/ de equilibrio”. La sección se cierra con el estupendo poema “Contradiciendo a Pessoa” en el que la apelación al deseo, a la corporalidad desnuda del otro-amado se resuelve en hallazgo de la corporalidad del propio poema y, desde ella, en llamada al otro-lector, a esa mirada cómplice ante la que confesar que la verdad vital y la verdad ficcional, que es en su centro toda poesía, siempre acaban encajando (“Que el poema, /esta prolongación de mi existencia, / ya no diferencia arte/y vida. (…) Ya que escribir, aceptar el infierno/es saber reconocerse”).

A este reconocimiento asistimos en los poemas de la segunda parte del libro, “El humo removido”, a la que el autor llega huyendo del frío recién descubierto, tras encender para calentarse la hoguera de un amor apasionado y subir por la escalinata quebrada de los versos hacia una balconada desde donde intuye que podrá entender su presente. Será pues un redescubrirse que comienza en el otro-amado, en una relación amorosa vivida y recordada como la inmersión en un río desbordante pero, a la vez, delimitador de una frontera quizá insalvable igual que el fuego: el poeta busca hallar una identidad , intuida casi en el cuerpo del amado, amanecida apenas en compañía pero, al enfrentarse a la luz viva de la realidad abierta por el lenguaje hacia lo exterior, se descubre con extrañeza ajeno, plantado ya sin palabra o puente preciso en el otro lado ( nos dice. “La felicidad es un río sin puentes/ y, en vela, / te espero ahora/de este lado”), siempre al borde de una despedida (escribe: “Y siempre me despido/mordiendo/aquello que no digo”). Desde estos apuntes amatorios, las etapas de este descubrimiento avanzan ahora hacia una inmisericorde y acerada contemplación de sí mismo, bien sea reflejándose fugaz y esquinadamente en el espejo de las propias mitologías ( es muestra el estupendo poema “Baby blue”, una autoelegía con pie en la serie televisiva Breaking Bad), bien haciendo una dura contabilidad de esa matemática social y política en la que, como tantos jóvenes, se ve forzosamente inscrito ( así, nos anota en el poema “Cadena evolutiva”: “Los hombres de mi generación/son multiplicaciones inexactas”) o bien sosteniendo  esa mirada hacia el interior de una consciencia creciente de sus limitaciones que vemos abrirse en el díptico “Dos días”, mirada que queda suspendida como en fotograma fijo en el poema “Ceniza”, donde ya finalmente se disipa todo humo.

La última parte es “Los escalones de la huida”, donde el poeta nos muestra los tres pasos finales de este viaje de fuga/retorno desde/hacia la casa del yo, ahora en escombros. Unos pasos que tienen la fuerza de tres aldabonazos a una puerta increíblemente ( y ello gracias al cuidado puesto en la palabra poética, en la sinceridad de su mirada interior y frente al mundo) aún alzada en el solar quemado cuyo plano fantasma nos hizo recorrer en el libro. Son tres poemas directos que nos convocan a atravesar esa puerta para acompañarlo en una huida hacia adelante, hacia las calles de algunos futuros posibles. En el primero de ellos está la constatación de una derrota (“Aquí no queda nada. Ni Ítaca es Ítaca: / Homero la inventó.”), pero también la primera sombra de unas huellas puestas sobre las aceras de otro mañana, de un futuro que volverá a estar, a pesar de la huida, cargado con el peso de la memoria y que por tanto quizá de nuevo será abismo y vértigo, como desgrana en los siguientes textos escritos, los que componen “Tríptico del vértigo”. Un camino abierto en el que, y lo sabe al abordarlo, sólo ha de ser posible, “Tenerse en pie, /como quien despide a Dios/desde un andén” y encontrar por compañía una oscuridad inexplorada cuyo vacío tendrá que llenar reescribiéndose sin cesar, como hace en un poema que es cascada continua de un mantra de resonancias cervantinas, (“No la has de ver en todos los días de tu vida”), texto que colocado en la parte final del poemario recoge el aliento de la interpretación que del mismo hiciera el querido profesor Juan Carlos Rodríguez en su obra “El escritor que compró su propio libro”: son voces que desde la infancia avisan al autor de lo irreversible de su pérdida y de que el deseo  dirigido al amado es ahora deseo-símbolo hecho carne en la escritura, lo  que el poeta resuelve aquí aferrándose a la posible salvación que frente al vértigo nos puede dar el conocimiento. Y cierra el libro el poema “Escalera de incendios” que, con excelentes imágenes, pone ante nuestra mirada un poeta que ya no echa la vista atrás, que aprende a caminar su propia (nuestra propia ) geografía desolada.

F. David Ruiz nos ha ido acercando posibles respuestas a sus preguntas: ¿Cómo huir del fuego? ¿Cómo evitar que el humo ascienda hasta confundir nuestra mirada y tiznar también los objetos, las voces recuperadas del recuerdo, los trazos salvados de la quema del edificio en peligro y a pique de caer que es ahora el yo personal, el nosotros colectivo? Sólo nos queda como salida, aún tambaleante entre las ruinas pero lista para desplegarse con el hilo de la palabra y ofrecernos posibles verticales para la huida, esa “escalera de incendios” que nos propuso en el título y que, en estas páginas, no es sólo un artefacto para la fuga, sino también laberinto metálico donde se extienden esas calles de nuestro paisaje vital que el humo de lo pasado colocó a una distancia quizá inaccesible: la esperanza, la libertad, la solidaridad, el buen amor.

Los peldaños de este libro son poemas fuertes, duros pero brillantes como el metal de esa escalera. Sus goznes pivotan sobre las relaciones familiares, sobre las series de culto, sobre los huecos descubiertos en en la memoria y en la propia identidad de un joven poeta que, iniciando con estos poemas una escritura muy prometedora y coherente, nos recuerda también otra arquitectura posible para el futuro. Porque delante de él se eleva un dintel asumido al fin, el del vértigo; porque bajo sus recomenzadas huellas escucha crepitar las pasadas cenizas (prendidas aún, vueltas en los  poemas que ha escrito “una bruma de racimo”) y a sus espaldas siente el eco hermoso de esa escalada urgente desplegada por sus palabras: una fuga poética que le llevó a alejarse de la rutina de la desesperanza y a acercarse a todos nosotros, lectores que nos sospechamos otros tras haberlo leído y recordar palabras como éstas: “Y vine a escribir/ la huida/en una escalera de incendios./Después de esto/quien se aleja/ no eres tú.”

*Trinidad Gan es poeta. Su último libro, Papel ceniza (Valparaíso Ediciones, 2014).

Reseña aparecida en el suplemento Los diablos azules de Infolibre: https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/03/03/escalera_incendio_62006_1821.html